sábado, 18 de septiembre de 2010
Vida de los Martires de Motril

Vida de los Martires de Motril
5 de mayo: festividad de la Orden
causas sobre sacerdotes y religiosos que dieron sus vidas en defensa de la fe durante la guerra civil española del 1936-1939, se une la causa de siete agustinos recoletos y de un sacerdote secular, sacrificados todos ellos entre el 25 de julio y el 15 de agosto de 1936 en la ciudad de Motril, diócesis y provincia de Granada. Causa que ofrece una particularidad y un valor testifical especial. Se trata de uno de los casos en que toda una comunidad religiosa, si se exceptúa un hermano de obediencia de 68 años, fue sacrificada y convertidos a ruinas la iglesia y su convento.
La muerte de esos siete religiosos y del párroco de la Divina Pastora de Motril tiene un valor testifical especial, porque tanto los religiosos como el párroco martirizado con ellos estaban dedicados al ejercicio del apostolado silencioso y de la caridad entre la gente humilde de la ciudad.Estos son nuestros hermanos que, con auténtico sentido oblativo, superaron la extrema experiencia de fe:
*P. Vicente Soler de San Luis Gonzaga,
*P. Julián Benigno Moreno de San Nicolás de Tolentino
*P. León Inchausti de la Virgen del Rosario
*P. Vicente Pinilla de San Luis Gonzaga
*P. Deogracias Palacios de San Agustín
*P. José Rada de los Dolores
*Hno. José Ricardo Díez del corazón de Jesús.
Y, junto a ellos, el sacerdote diocesano D. Manuel Martín Sierra, unido siempre en la misma Causa.El día 21 de enero de 1997, la comisión de Cardenales y Obispos para la Causa de los Santos aprobó el martirio de los componentes de este grupo, es decir, que "habían sacrificado su vida por la fe en Cristo". El día 8 del mes de abril del mismo año, el Santo Padre Juan Pablo II firmó el correspondiente Decreto para hacerlo de público derecho y anotarlo en las actas de la Congregación de las Causas de los Santos. A los agustinos recoletos no nos sorprendió la noticia; durante 6l años la estábamos esperando, respirando la fragancia de los aromas que se desprenden del testimonio ejemplar de sus vidas que culminó con la entrega y fidelidad a Jesucristo, derramando su sangre por El.
La noticia de su beatificación significó una nueva pascua florida para toda la Iglesia, especialmente para sus hermanos de hábito y para quienes alimentan su vida cristiana con el mismo carisma, miembros de nuestras Fraternidades Seglares.La historia, más de medio siglo después de su martirio, nos obliga a mirar aquellos últimos acontecimientos de nuestros hermanos, desde un contexto social muy distinto y desde una óptica de hombres de Iglesia, con amplitud de miras y actitudes de reconciliación. Sabemos que ellos perdonaron a sus verdugos, tuvieron el consuelo de tener en paz sus conciencias y murieron exclusivamente por ser sacerdotes y religiosos.Por eso, el sacrificio de estos hermananos nuestros pertenece a nuestro patrimonio histórico y espiritual. El testimonio de estos predecesores, próximos a los altares, perdura y debe ser justo y fructífero su recuerdo, como auténticos hombres de Iglesia, al estilo de Agustín de Hipona. Su sangre derramada debe ser recordada para que sea semilla de fecundidad en nuestra realidad presente y futura. Y para todos debe significar un estímulo a nuestra fidelidad, aun en tiempos y circunstancias difíciles.
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2 comentarios:
Losz Qiiero muChoo mii MARTIRES LO sonn
TooDiitoo xa miii !!!*
si yanina :D
todos nos queremos mutuamente
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